miércoles, 4 de mayo de 2011

el norte, donde argentina empieza a ser otro mundo

Aun no había empezado mi rutina platense de nuevo, había perdido la mitad de mis pelos en la patagonia, y aprovechando que mi hermana paseaba por la plata, perdí la otra mitad de mi cabeza., y de repente llegó la semana santa. qué hacer? Qué hacer? Acabo de venir del sur, pues vamos al norte!
En el festival surrealista de folklore conocimos bailando a un argentino de tucumán, que amablemente nos ofrecio su casa con su madre, y nos invitó a un asado con su abuela. Lo que parecerían simples palabras de borracho, se convirtieron en una invitación formal para el norte. Así que nos preparamos, 3 españolas y una argentina con las mochilas puestas y dos termos de mate, nos fuimos a las afueras de buenos aires, a un punto de peaje con un cartel de cartón que decía "córdoba, tenemos mate", el reclamo del mate surtió efecto tan rápido que a mi ni siquiera me dio tiempoa quitarme la mochila, literalmente, cuatro minutos después estabamos las cuatro montadas en la cámara frigorífica de un camión con la puerta abierta. Bebiendo mate y comiendo galletitas, jugando a las cartas y parando un par de veces para ofrecer mate a nuestros choferes. 320 kilometros después, estábamos en el peaje de rosario, donde hicimos dos equipos de dedo, y cinco minutos más tarde estábamos rumbo a córdoba, con un camionero muy apañao pero de pocas palabras. Nos llevó hasta córdoba, donde un amigo de un amigo de silvia, tenía un amigo que vivía en una casa antigua gigante, aunque sin luz, ni agua caliente ni gas, pero muy bonita, prezioza no, preziozízima. A cosa de las 7 de la mañana aparecen dos tios borrachos en la habitación, pidiendo un huequito entre nuestros colchones. Nosotras, entre sueño, miedo y estupefacción, les dejamos amablemente uncolchón enterito, no hubo acercmientos peligrosos de por medio, aunq en ese estado tampoco creo que hubieramos solucionado nada. Paseamos por córdoba, y nos fuimos a un concierto en la calle de una murga uruguaya. A la mañana siguiente intentamos levantarnos temprano aunq no lo conseguimos, y nos fuimos a la quebrada del condorito. Donde vimos los correspondientes condoritos, que son cóndores chiquititos pero con ese nombre resultan más entrañables, llevamos a cabo varios happenings artísticos y andamos. Andamos, andamos, qu se nos hizo de noche. En un viaje a dedo, una de las premisas era no hacer dedo de noche, pero de repente, faltaba una hora para tomar el colectivo, anochecía y se nos empezaban a congelar las patitas. Así que vicky con una luz en la cabeza consiguió atraer a una furgoneta bella, llamemoslo el salvador, que nos llevó de vuelta a nuestra amada córdoba, donde descubrimos que las españoals tenemos un aguante sobrenatural al alcohol y después de emborrachar a 5 cordobeses, nos fuimos a dormir solas pero muy dignamente.Al día siguiente nos esperaba el gran viaje a tucumán. Aqui tmbién nos levantaron prontito, pero fuimos a dar con el camionero más facha de toda argentina. Dos de nostras nos quedamos en la cabina, y otras dos se metieron en la carga, donde pasaron diez horas en oscuridad, gritando y cayéndoseles cajas encima, aunq parezca que las que ibamos delante fuimos más suertudas, estuvimos esas diez horas con este señor, que quería que todo chile se ahogara, que los bolivianos siguieran vendiendo fruta, que la gente de color no se acercaara a él, y que no entendía por qué viajábamos de esa manera y no de una forma digna. Un hombra de contrastes, que nos amenizó el viaje con un disco de gauchito gil, un personaje argentino que hicieron santo, dos vueltas de disco, gauchito giiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiil, gauchito giiiiiiiiiiiiiiiiil. Eso sí, el paisaje muy bonito.
Llegamos a tucumán, donde nos esperaba el tucumano en cuestión, con una casa gigante, una madre haciéndonos paella, y una duchita de agua caliente. Después de sentirnos como parte de la familia,cantar ole, ole ole cada cinco minutos, llevarnos de paseo con el coche de una maner mágica por carreteras indescriptibles y atiborrarnos de empanadas, por la noche prepararon un asado con toda la familia. Ah! Ya había llegado ricardo, un punky español vegetariano, tema de pequeña controversia en un asado lleno de trozos de vacas de distintas partes, pero sin ningún problema adicional. Al principio fue inquietante, pero conforme la familia se iba yendo, e iban llegando sus amigos, de repente nos encontramos en un concierto privado para nosotros, en lso que todos tocaban la guitarra y cantaban a voces, cada cual mejor, pasándose la guitarra entre ellos y cantando toda la noche. Fue como una burbuja espacio temporal, y nos llevaron a un universo paralelo de folklore argentino que rozaba la perfección. Nos quedamos toda la noche, solo digo eso.
A la mañana siguiente dio la causalidad que la madre y unas amigas iban a tucumán, así que nos llevaron en el coche! El camino, quitando que ibamos con una niña de tres años que no paraba de chillar, llorar, y que odiaba a vicky, por lo que empujaba a la otra niña, que se tenía que sentar encim mia, si no hubiera sido por ese pequeño cojonero detalle, el cmino habría sido puro placer. Y es que en este viaje, las carreteras han sido puro placer. Pasamos por una selva, de repente subimos a la montaña, y poco después llegamos a una zona árida. Todo eso en cuestión de horas, y en cuestión de chillidos infernales de niña. Llegamos a tafí del valle, donde andamos entre ruinas quechuas (y no del decathlon), y nos achicharramos como langostas. De aqui, un buen hombre con dos mujeres y un hijo colombiano, nos llevó hasta amaicha, contándonos anécdotas e historias del lugar. Desde las ruinas, hasta un pueblo de cinco casas y un señor que hacía vasijas, hasta un hospedaje en el pueblo donde una vez fueron un matrimonio con su hijo, le pidieron al dueño de la casa si podíann llevarle otra cama, y el hombre amablemente dijo que sí, pero que tardaría un rato. Al cabo de los minutos, el hombre apareció con unas tablas y una sierra, y se puso a fabricrle una cama en un periquete! Intentamos quedarnos en casa de este señor, pero era un poco caro, así que nos fuimos a otro albergue, lleno de gente de ciudades que se habían cansado y habían decidido pasarse a las montañas. El dueño en cuestión, un muchachuelo flipao que no paraba de llamarnos galleguitos, ai galleguitos, intentó en un ataque de soledad montañera seducirme enseñándome las estrellas y haciéndonos masajes amablemente, menos mal que yo aun era una chica dura de ciudad y no me dejé seducir aunque me enseñara dónde estaba la cruz del sur pa no perderme, y no me perdí con él.
De amaicha a las ruinas de quilmes, donde entre imaginación e imaginación, nos sentimos quechuas de nuevo con nuestras botas y mochilas de decathlon. Un simpático hombre, nos ofreció llevarnos hasta cafayate y ahorrarnos hacer dedo y quedarnos en su alojamiento baratito baratito. Aceptamos humildemente, y yo volví a sentir el espíritu griego de viajar en una pickup llena de trastos. Al llegar, nuestr gozo en un pozo, porque la ruta de la quebrada de las conchas estaba tan lejos que se nos haría de noche antes de empezar, y porque en cafayate un pueblo mu bonito, na más que había bodegas, así que visto lo visto decidimos emborracharnos por la cara de bodega en bodega. Vicky estaba mala de la barriga, ricardo no bebe alcohol, y a la sofi no le gusta el vino, así que nos quedamos silvia y yo bebiéndonos sus vasos de vino, llamando la atención entre aquel ambiente selecto, y rapiñeando todas las catas de distintos vinos que nos pudieran ofrecer.
Al día siguiente, a las afueras del pueblo continuamos con nuestro dedo, esperando esperando, casualidades de la vida que nos encontramos a la madre del tucumano! Que iba en nuestra dirección, así que repetimos viaje con la niña que chillaba, aunq esta vez al parecer la habían drogado y estaba bien calladita. La quebrada de las conchas apareció de repente en la carretera, y nosotros empezamos a flipar. Nos dejaron en la garganta del diablo, donde escalamos por un sitio que después supimos que no se podía escalar y seguimos flipando a cada paso. De aqui fuimos a salta con un jugador de rugby que iba a doscientos por la carretera y le subía la ventanilla a vicky que estaba un poco mareada, después de entregar dos corderos que el susodicho tenía que entregar, nos inflamos de empanadas en su ciudad original, salta la bella. Y de aqui, nos fuimos a purmamarca raudos y veloces. Purmamarca es un pueblo que nada más llegar tenía magia, pero unos alojamientos mu caros. Después de pensar si dormir en unso soportales y hacer acopio de cartones, un hombre nos llevó a ver a josé garcía, que alquilaba una casa. El josé garcía en cuestión, un hombre mu apañao pero que se pensó dos veces alquilarnos la casa tan barata, nos la alquiló, y una amiga suya nos aconsejó ir a ver el amanecer en el cerro de los siee colores. Fuimos a una peña, donde nos comimos unas empanadas de carne de llama buenísimas, que debían llevar droga porque todas nos enamoramos perdidamente de la cantante que tocaba en el grupo. Después de babear por la muchacha y comprarle dos discos para ver si haciamos un sexteto con ella, al ver que no surtía efecto nos fuimos a dormir. Amanecer habeis dicho? Pues claro, alli estábamos a las 5 y media de la mañana en pie, con una noche cerrada y sin ápice de amanecer en una hora, subiendo al cerro, que no tenñia ni uno de los colores que habñian prometido, así que nos pusimos a dormir en medio del cerro, muy apretaditos pa no pasar frio. Cuando despuntó la mañana, subimos hasta uno de los picos, donde vimos como los colores iban apreciendo y cambiando. Cada dos minutos, lo que era verde cambiaba por azul, lo amarillo por rojo, lo granate por naranja y así iban evolucionando entre mates y mates los colores, el mejor mate mañanero que se puede tomar. Después de dar una vuelta por el pueblo, a las diez de la mañana ya estaba todo visto, claro, nos hemos levantado a las 5, nos ha cundido la mañana. Y en arrebato de inteligencia y picardia grupal, decidimos que josé garcía no necesitaba tanto el dinero, y nos fuimos rodeando el pueblo hasta la terminal de colectivos a huir como pelandruscas baratas. Llegamos acojonados hasta tircara, pero allí nos encontramos una procesión de semana santa al estilo norteño que nos redimió de nuestros pecados. Tocando flautitas, tambores y demás instrumentos autóctonos, procesionaban bellamente, puro espectáculo. Tircara mu bonito, oh sí, un payaso sacó a vicky y silvia a bailar, y seguimos comiendo empanadas por un peso a mujeres bonitas de la calle. Puro amor era todo. Sin querer hacer noche en tircara, por si la sombra de josé garcía nos perseguía, fuimos a humahuaca.
Humahuaca, tan famosa y con supuesta tanta onda, es todo una falsa. Un hostal cutre y caro, con un señor cutre y caro, gente por la calle que te miraba mal, dependientas en los supermercados de mala follá, y calles desiertas con gente que daba zuztito, descubrimos que josé garcía nos había mandado mal karma, así que no nos quedó otra que emborracharnos con un cartón de vino en nuestro mugriento zulo que teniamos por habitación mientras jugábamos a las cartas. A la mañana siguiente, decidimos salir corriendo de aquel esperpéntico lugar, tanto humahuaca pa esto, no sé por qué king africa se dignó a hacerle una canción! Sofi y silvia se fueron en colectivo despavoridamente, mientras vic, ric y yo, decidimos hacer dedo a nuesra suerte. Un hombre mu apañao nos levantó hasta el cruce que iba hasta iruya, nuestro destiuno. Muy bien, gracias caballero. Nos dejó in the middle of tipota, en una carretera de mala muerte, en medio de la nada absoluta, con una de los lugares de ofrendas de gauchito gil al lado, y la carretera desierta al otro. Tal vez pasaron diez coches por auqella carretera, tal vez ni siquiera llegó a diez, pero pasaron cinco horas frustrantes, donde josé garcía se reía de nosotros y yo le hacía ofrendas de todo lo rojo que encontraba a gauchito gil, ricardo tocaba la armonica decadentemente mientras aprendiamos defensa personal por si alguien nos atacaba en medio de la carretera. Agottamos todos los juegos que se nos ocurrieron, y en la desesperación aparecieron los salvadores de la tarde. Un padre y un hijo porteños, más apañaos que las pesetas. 50 kilómetros de carretera, sí, sí, dos horas y pico! Y es que era normal que no fuera mucha gente por allí, la carretera era un camino de cabras, bueno, camino de llamas, que es lo que hay por allí. Una carretera tremendamente bonita, entre montañas, acantilados, y valles quebrados. Al llegar a iruya, el karma volvió con creces a nosotros, un pueblo pequeñín, pero la cosa más bonita del mundo. Paseamos por el pueblo, mágicamente, cuando al subir al mirador unos niños nos preguntan si queremos jugar, - jugar? Claro que quremos jugar, a qué? - a la mancha. -claro, me encanta la mancha!. Evidentemente no teniamos ni idea de qué carajo era la mancha, pero alli estuvimos jugando hasta que se hizo de noche. Fue espectacular y pura felicidad y amor condensado. Los niños más bonitos y más apañaos del mundo. Y quedamos pa el día siguiente con ellos pa jugar, dos horas en el pueblo y ya teniamos superamigos y un planazo pa el día siguiente, ole! Cenamos milanesas de llama gigantes, y dormimos felices. Al día siguiente hicimos la ruta hasta san isidro, una ruta espectacular hasta un publo espectacular. Cruzamos el rio cada dos minutos, saltando y quitándonos los zapatos estrategicamente, hasta que yo me cai de culo y decidí atravesarlo tal cual, era mucho más rápido y cómodo, y mis pies estaban fresquitos fresquitos. En san isidro una señora nos hizo de comer las mejores empanadas de todo argentina, y unos platos gigantes de comida, como si fuéramos sus hijos. Y a la vuelta en iruya, después de enserñarle a nuestro grupo de amigos, que había aumentado en número, algunos juegos, se despidieron dándonos besos, y a mi casei se me caen las bragas de la emoción. Esa noche, lo celebramos con una polenta cutre y un vinup, aun más cutre pero riquísimo, jugamos a las cartas con uruguayos y argentinos hasta que se nos cayeron los ojos de cansancio y la boca de reirnos y despidiendo la noche perfecta con la compañia perfecta, despedimos a iruya a las 6 de la mañana siguiente.
Llegamos a jujuy donde nos esperaba nuestro autobus trucho, que son unos autobuses ilegales que te salen a menos de la mitad de precio. Al montarnos en él, nos dijeron que si nos paraba la policia, dijeramos que éramos un viaje organizado de turistas que íbamos de vacaciones a buenos aires y volviamos en una semana, así que rozando la ilegalidad, y entre controles de gendarmes que les quitaron mantas y gorritos a un pobre matrimonio como contrabando de ropa, (mira que habrá contrabando de droga en la fronterra con bolivia, y van a quitarles gorritos a los pobres, asco de gendarmes), llegamos a buenos aires seis horas más tarde de lo estipulado. Odiamos los coches, los ruidos, los móviles, y todo tipo de vida de ciudad. Qué malo es volver a la ciudad otra vez. El viaje, conclusión final, recopado. (recopado: dícese de puta madre)
Y volví a mi rutina platense, volví a ser profesora, donde una alumna me dijo que me habñia estado buscando y prguntando por mi en secretaria para que le aclarara unas dudas sobre los trabajos, yo, estupefacta, le dije que solo iba los viernes, y ella me pidio el correo para en todo caso hacer tutorías, oh mai dog, es esto parte del trabajo de profesor? Cielos y retruécanos. Esta noche, por fin, clase de tango a la gorra. Así que voy a pisotear elegantemente el suelo, el suelo de la ciudad, aunque yo prefiero la tierra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario