Un día felizmente, estaba en la internese, cuando mi hermana, esa que se hizo uruguaya, me escribe diciéndome que deberiamos ir a la patagonia antes de morir de frio, yo con mi calendario en mano, y viendo que tenía un sábado libre, compré un billete de avión para ushuaia, dícese la ciudad más austral del mundo, para 2 días después. Y así, de repente, me iba a la patagonia. La tarde antes, para darle un poco de ambientación a mi partida y dramatismo latinoamericano, fuimos a un mitin de hugo chávez, en el que se pasó la mitad del tiempo diciendo viva, un personaje digno de mención, y digno de ver una vez al menos en la vida.
Cuando algo empieza con dos hermanas buscándose en un aeropuerto a las 3 de la mañana, nada puede salir mal. Yo me pasé un par de horas pensando en cómo encontrar una hermana uruguaya desaparecida en algún punto de la ciudad de buenos aires, pero sorprendentemente apareció bajando la escalera con cara de dormida.
Haré un resumen breve pero intenso (lo intentaré, os juro que siempre intento que sea breve pero no me sale) de lo que fue la aventura patagónica. Para los que quieran saltarse el relato completo, palabras clave. Una taiwanesa muy china que nos seguía hasta la extenuación; paisajes de morir, caminatas de morir; sol en autobuses, lluvia en el camino; gente que cambia su vida y gente que hace tiemo que decidió cambiarla; conclusión, no quiero un trabajo decente, me gusta más la indecencia.
Llegamos a ushuaia, donde una taiwanesa con cara de perdida y sin una papa de español se acopló a nosotras como sus salvadoras. Nada más llegar a las once de la mañana, nos fuimos a hacer el glaciar marthial, que eran unas 4 horitas de subida y 3 de bajada, con un trayecto final bastante empinadito, en breve vereis las fotillos de las vistas, y nuestras caras de cansancio y frio. Al día siguiente, nos dijeron que para entrar en el parque nacional, si entras antes de las 8 que entran los de llos ticjets, pasas gratis, así que alli fuimos 4 guiris a las 7 en un taxi hasta dentro del parque, viendo amanecer en el fin del mundo. Andamos horas bajo la lluvia por bosques, lagos, llanuras, y un sinfin de paisajes concentrados. Lo más hermoso, o simbólico, el fin del mundo, justo la puntita, donde pisas suelo argentino, estás rodeada de chile, y enfrente tienes la antártida, estar en la puntita del mapa no tiene precio, y más si no has pagado la entrada!
De Ushuaia, fuimos a calafate, con 24 hors de autobús, y varias fronteras y el estrecho de magallanes. Anterior a esto, al ver un mapa y ver las distancias, podía creer que algo estaba al lao, después de este viaje, estar en un colectivo más de 20 horas y no recorrer ni dos centímetors el mapa, está a la orden del día. Hay que ver qué grande es argentian. El perito moreno es la cosa ás espectacular que puedes ver en la vida. Y más cuando vas andando felizmente y de repente sientes una guerra de bombas a tu alrededor! Oh sí! Se caían sin parar trozos de hielo! El sonido era atronador, y retumbaba en todas partes. El sol salía a ratos, y a ratos llovía, así que esos cambios de luz hacían que yo quisiera hacer fotos cada metro que avanzaba, lo peor es que hice todas esas fotos, y ahora tengo como 1000 fotos de un cacho de hielo gigante. Cuando ya teniamos que agarrar el colectivo de vuelta, de repente, una vez montadas en él, chanáaan, salió el sol. Sí, somos unos seres desdichados, pero aun así, es puro espectáculo.
De el calafate, llegamos a el chaltén, de noche, muy de noche, por las carreteras de ripio (chinos, piedrecitas, que sí, que aquí las carreteras son de chinos). Llegamos a un pueblo que es una calle, muy larga y muy oscura, hasta un albergue lleno de judios y con 3 españoles más. Eso sí, nuestra taiwnesa, aunq a todo el mundo le deciamos que era china, y ella de fondo aclaraba taiwan, siempre nos seguia a un par de metros de distancia con su misma cara de perdida, que si nosotros íbamos a el cahltén, a ella le daba igual que sus planes fueran ir a ver pinguinos, ella nos seguia, el idioma mueve montañas, y los chinos hacen fotos. (nuestra amiga es de china, soy de taiwan, bueno, tienes los ojos e china, pareces china, haces foto como las chinas, hablas y escribes raro, eres china macky, no mientas)
Al parecer al día siguiente iba a hacer un día soleado maravilloso, había una ruta, la más larga, que había que hacer con sol. Así que al día siguiente, 7 de la mañana, muy a pesar de nuestra china, que se quejaba de por qué si ibamos a estar más días teniamos que madrugar tantísimo. La ruta, laguna de tres, puro espectáculo. Impresionante, con nieve, lago, montañas, el fitz roy, y unas vistas tan espectaculares que casi mueres de la emción. Estabamos en la cumbre, cuando de repente aparecen unos franceses, alos que no teniamos claro si ellos nos seguian o nosotras los seguiamos a ellos, tema que ocupaba unos minutos cada vez que nos los encontrábamos en todos los sitios donde íbamos, y nos dicen, ahora nos bañamos, venís? Sí, sí, francés mio, ahora. Cinco minutos después, escuchamos unos gritos y vemos abajo de la laguna entre la nieve a un tio desnudo que se tira al lago, sí, dos minutos después otro tio, y pasado el mismo intervalo, el francés con cara de duende acaba bañándose. Cuando subieron, descubrimos que realmente eran nuestros franceses y un vasco, tenía que ser vasco, estas cosas solo las hacen los vascos. Bajamos con ellos, y nos contaron su vida, que no viene al caso, pero que resultó espectacular. Viajaban solos, como la mayoría de los que fuimos encontrando en el camino, y paseaban, sin más, encontrándose con gente y reencontrándose.
Al día siguiente, con una polaca unida al equipo, fuimos a hacer el cerro del pliegue tumbado, una caminata que se suponía que era más fácil, pero que nos ocupó 7 horas, entre ventisca, nieve hasta las rodillas lluvia, y cuestas interminables. Este día fue el definitivo para que nuestra taiwanesa decidiera abandonarnos en nuestro camino e irse a bariloche sin nosotras. Se fue con sus zapatillas de mentirijilla que habían pisado nieve, hielo, y que casi habían muerto en el intento.
Seguimos hacia el norte, con un viaje de 26 horas por ripio, el vasco, que era antes de llegar a patagonia un ingeniero cuadriculao con su vida, la polaca con sus piernas largas, y la pareja más bonita que pueda existir, una uruguaya y un mallorquí, que habían dejado sus trabajos para prostituirse en trabajos de mierda durnte la temporada de verano, y viajar el resto del año, en carpa, con ropa prestada y chaquetas de 10 pesos, y una cara de felicidad que no podían disimular. Ellos se quedaron en el camino. Y la polaca, en y yo nos fuimos a el bolsón. En el bolsón, después de hacer una ruta indecente de piedrecitas y una cuesta de muerte, en la cima conocimos a dos zaragozanos en paro, que cansados de buscar trabajo, y cobrando el paro, habían decidido esperar en otra parte, y recorrer el sur de argentina hasta que la plata dijera basta, total, para esperr en zaragoza, podían esperar en el bolsón. Y en la cima, diez minutos después, apareció nuestro vasco, que era como la reencarnación de los franceses, y no se sabía quién seguía a quién. Bajamos al pueblo, un sitio maravilloso, con un albergue maravilloso. Allí el vasco nos contó sus planes de futuro, que era basicamente dejar su trabajo, y yo me figuro que hacerse profesor de taichi. Hay que ver, el poder que tiene la patagonia y sus montañas. Y allí yo dejé a encar, con el vasco, que se iban a ir tres días de refugios de montaña bolsónicos. Esto ya os lo debería contar encar, porque ella, cual vasco, francés, ruso, uruguaya, o otros lugareños que fue conociendo que se dedicaban a encontrarse a ellos mismos en las montañas argentinas, también ha sacado de conclusión clara que algo hay que hacer, pero no lo que se debe hacer. Yo me volví a la plata, con mis 24 horitas de colectivo, haciendo planes de futuro centrados en la acumulación de riquezas y vida de paseo. No llegué a ninguna conclusión estable, pero espero hacerlo en próximos capítulos de un pais en la mochila.
Y volví a la plata. Fui profesora de alumnos de primero de carrera, de repente, yo, sara, profesora española de bellas artes. Descubrí el folklore argentino en un festival de tres días intensivos, bailé y bebí, me cambié de habiación para pagar menos de 80 euros, y comí, eso sí, seguí comiendo.
Y una semana y media después, después de haber estado en la puntita, en el fin del mundo. Me fui al norte. Eso es la segunda parte, un respiro, voy al baño. Y ahora hacemos unos miles de kilómetros más.